¡Ehilà! Estaba de visita turística por Toledo y, mientras descansaba los pies en un banco, me dio por jugar un rato. Había tenido una racha fatal la semana pasada y quería desquitarme. Entré a chicken road porque me gustó el diseño que vi en un banner publicitario. Fue la mejor decisión del día; los slots estaban calientes y saqué lo suficiente para invitar a mis amigos a cenar esa noche. Menuda sorpresa me llevé.
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