Esta es la historia de Lucía, una niña que tenía un secreto: ella no solo dormía, ella "viajaba".

El Mapa de Lunares
Lucía vivía en un cuarto con las paredes llenas de círculos de colores que su papá había pintado para ella. Decía que eran planetas lejanos. Todas las noches, antes de apagar la luz, Lucía elegía uno. Esa noche, se quedó mirando el círculo rojo grande, el que estaba justo sobre su almohada.
—Hoy toca el planeta de las fresas gigantes —susurró, acomodándose bajo su manta rosa.
El Gran Viaje
A los pocos minutos, Lucía ya estaba en un sueño profundo. Tenía la boca un poco abierta, no porque estuviera cansada, sino porque en su sueño estaba intentando atrapar copos de nieve que sabían a algodón de azúcar.
En su aventura, Lucía volaba sobre un mar de sábanas suaves. Sus juguetes, que durante el día estaban quietos en la repisa, ahora eran sus compañeros de tripulación. El cepillo de pelo que dejó en la orilla de la cama se había convertido en un erizo mágico que le indicaba el camino hacia el planeta rojo.
El Despertar
Mientras ella exploraba selvas de caramelos y saltaba sobre nubes de almohada, el sol empezó a asomarse por la ventana.
Lucía soltó un suspiro largo, cerró la boca y se estiró como un gato. Abrió un ojo, luego el otro, y vio los lunares en la pared. El círculo rojo seguía ahí, quieto y silencioso, guardando el secreto de su viaje nocturno. Se levantó con una sonrisa, lista para desayunar, sabiendo que al llegar la noche, otro planeta de color la estaría esperando.
Foto(s) tomada(s) con mi smartphone Samsung Galaxy S22 Ultra.


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