DE LOS CÉSARES PERDIDOS


📸 Odalys Leyva Rosabal
Poeta, narradora e investigadora cubana (Jobabo, Las Tunas, 1969).
Premio Iberoamericano Cucalambé 2008 por Los Césares perdidos. Presidenta del Grupo Internacional Décima al Filo, su obra se distingue por la defensa de la tradición decimística y la exploración de temas de identidad, memoria y espiritualidad, con una voz femenina que ha renovado la poesía popular y culta en Cuba. Foto: Ala Décima


UNA DOCTRINA DESVENTAJOSA. DISCURSO
DE UN GLADIADOR ANTES DE SALIR
A PELEAR AL COLISEO ROMANO

Felino, saltas tejados
por el mundo. La impaciencia
de tu Dios es la elocuencia
que nos mantiene extraviados
del instante –tan cansados
de salto y grito a la luna–.
Tu Dios es como ninguna
razón, ¿acaso te ofende
su risa?
…………Lobo que asciende
trasnochado a la laguna,
descubres tu suerte igual
que la manada. El azote
son los ciervos del garrote,
y el bosque es otro ritual
de andamios –pero irreal.
Y saltas, tal vez enredas
tu caída en las monedas
(¡véndese un Dios en el podio!)
A veces revienta el odio
en la multitud y quedas
ungido en tu propio peso…
Felino, las sinagogas
guardan peligrosas sogas
que tensan hasta el exceso
la libertad del poseso.
(¿Dónde no hay cruz, no hay verdugos
ni dolores? En los yugos
lleva espinas el suicidio.)
Lo sabes, es un fastidio
el banquete sin mendrugos.
Y el sueño, grave en tus garras
duele con toda la euforia
de quien persigue la gloria
pero sufre sus amarras.
Qué noches del mundo, farras
encima de mucha teja
donde hasta el sueño se aleja
y salta, hacia otro cadalso.
Aquí vive un dios descalzo
con una doctrina vieja.


✨ Este poema en décimas endecasílabas despliega un discurso dramático y filosófico: la voz de un gladiador que, antes de entrar al coliseo, reflexiona sobre su destino, la violencia ritualizada y la presencia de lo divino en medio de la barbarie. Odalys Leyva Rosabal, con su maestría en la décima, convierte la arena romana en metáfora universal de la lucha humana: entre la gloria y la muerte, entre la fe y la duda, entre la multitud y la soledad.


🐾 Felino y lobo: símbolos de instinto y destino

El poema abre con imágenes animales: el gladiador se reconoce en el felino que salta tejados y en el lobo que asciende trasnochado a la laguna. Ambos símbolos condensan la tensión entre libertad e instinto, entre la agilidad que desafía y la manada que arrastra. El gladiador se sabe parte de un ciclo natural, pero también víctima de un destino impuesto.

La figura del “Dios impaciente” introduce la ironía: la divinidad que debería proteger se convierte en fuerza que extravía. La risa de ese Dios es ofensa y desconcierto, como si la divinidad se burlara del sufrimiento humano.


⚔️ El coliseo como mercado de dioses

La imagen “¡véndese un Dios en el podio!” es una de las más potentes del poema. El coliseo no es solo escenario de lucha, sino mercado de símbolos: la divinidad se convierte en mercancía, en espectáculo. El gladiador denuncia la manipulación de la fe, la venta de lo sagrado como entretenimiento para la multitud.

El odio que “revienta en la multitud” muestra la violencia colectiva, la catarsis de un público que exige sangre. El gladiador queda “ungido en su propio peso”: marcado por la carga de su destino, convertido en sacrificio.


🪢 Sogas, cruces y yugos: la religión como prisión

La referencia a las sinagogas y las sogas tensadas hasta el exceso introduce la crítica a las instituciones religiosas. La libertad del poseso se convierte en ilusión: siempre hay verdugos, cruces, yugos. El suicidio mismo lleva espinas, como si no hubiera salida limpia del sufrimiento.

Aquí la décima se convierte en discurso filosófico: el gladiador no solo teme la muerte física, sino la prisión espiritual que lo rodea. La religión, lejos de consolar, aparece como doctrina vieja que perpetúa el dolor.


🌌 Sueño, gloria y cadalso

El gladiador reconoce que el sueño duele “con toda la euforia de quien persigue la gloria pero sufre sus amarras”. La gloria, tan buscada, se convierte en cadena. El sueño de libertad se aleja, salta hacia otro cadalso. La vida es un ciclo de sacrificios, donde cada intento de escapar conduce a otra forma de prisión.

El cierre —“Aquí vive un dios descalzo con una doctrina vieja”— resume la visión crítica: la divinidad que habita el coliseo es pobre, despojada, y su doctrina es obsoleta. El gladiador denuncia la inutilidad de los rituales que lo condenan, la repetición de un sistema que sacrifica cuerpos para sostener símbolos.


Odalys Leyva Rosabal logra en estas décimas un discurso de gran densidad filosófica y dramática. La voz del gladiador es metáfora del ser humano atrapado en sistemas de poder, religión y espectáculo. Los animales, las sogas, las monedas, los cadalsos: cada imagen construye un universo de lucha y resignación.

La décima, forma tradicionalmente asociada a lo popular, se eleva aquí a reflexión universal. El gladiador es todos nosotros: seres que persiguen la gloria, pero cargan con sus amarras; que buscan sentido, pero encuentran doctrinas viejas. La poesía se convierte en denuncia y espejo, en acto de resistencia frente al coliseo eterno de la vida.


IN ENGLISH

✨ This poem in hendecasyllabic décimas unfolds a dramatic and philosophical discourse: the voice of a gladiator who, before stepping into the arena, reflects on destiny, ritualized violence, and the presence of the divine amid barbarity. With her mastery of the décima, Odalys Leyva Rosabal transforms the Roman coliseum into a universal metaphor of human struggle—between glory and death, faith and doubt, the crowd and solitude.


🐾 Feline and wolf: symbols of instinct and fate

The poem opens with animal imagery: the gladiator recognizes himself in the feline leaping across rooftops and in the wolf ascending sleepless to the lagoon. Both symbols condense the tension between freedom and instinct, agility and herd destiny. The gladiator knows he is part of a natural cycle, yet also victim of an imposed fate.

The figure of the “impatient God” introduces irony: the divinity that should protect instead becomes a force that misleads. The laughter of that God is offense and bewilderment, as if divinity mocked human suffering.


⚔️ The coliseum as a marketplace of gods

The image “A God is sold on the podium!” is one of the most powerful in the poem. The coliseum is not only a stage for combat but also a marketplace of symbols: divinity becomes merchandise, spectacle. The gladiator denounces the manipulation of faith, the sale of the sacred as entertainment for the crowd.

The hatred that “bursts in the multitude” reveals collective violence, the catharsis of an audience demanding blood. The gladiator remains “anointed in his own weight”: marked by the burden of destiny, turned into sacrifice.


🪢 Ropes, crosses, and yokes: religion as prison

References to synagogues and ropes stretched to excess introduce a critique of religious institutions. The freedom of the possessed becomes illusion: there are always executioners, crosses, yokes. Even suicide carries thorns, as if there were no clean escape from suffering.

Here the décima becomes philosophical discourse: the gladiator fears not only physical death but also the spiritual prison surrounding him. Religion, far from consoling, appears as an old doctrine perpetuating pain.


🌌 Dream, glory, and scaffold

The gladiator admits that the dream hurts “with all the euphoria of one who pursues glory but suffers his bonds.” Glory, so sought after, becomes a chain. The dream of freedom drifts away, leaps toward another scaffold. Life is a cycle of sacrifices, where each attempt to escape leads to another form of captivity.

The closing—“Here lives a barefoot god with an old doctrine”—summarizes the critical vision: the divinity inhabiting the coliseum is poor, stripped, and its doctrine obsolete. The gladiator denounces the futility of rituals that condemn him, the repetition of a system sacrificing bodies to sustain symbols.


📌 Odalys Leyva Rosabal achieves in these décimas a discourse of great philosophical and dramatic density. The gladiator’s voice is metaphor for humanity trapped in systems of power, religion, and spectacle. Animals, ropes, coins, scaffolds: each image builds a universe of struggle and resignation.

The décima, traditionally associated with popular culture, here rises to universal reflection. The gladiator is all of us: beings who pursue glory but carry chains; who seek meaning but encounter old doctrines. Poetry becomes denunciation and mirror, an act of resistance against the eternal coliseum of life.


Sección curada por @domingopoeta

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