Abrazo invisible, el arte de querer sin tocar

in Holos&Lotus7 months ago (edited)

Hola amgos de @Holos-Lotus

Conversar con ustedes es un acto liberador. En infinidades de textos he expuesto la grandeza de mi madre, una mujer que, pese a las circunstancias, nos guió por un camino de bien. Su fortaleza fue el faro que iluminó nuestros pasos, su sacrificio fue el costo de nuestras oportunidades.

Pero algo permanece incompleto en este paisaje de amor, algo que no se resuelve con palabras ni con la mera cercanía física.

Hay un vacío tácito, un espacio intangible entre nosotros que se manifiesta en los abrazos no dados, en las caricias contenidas, en las palabras cálidas que se quedan suspendidas en el aire. Y el ser conciente de ello me ha permitido liberarme de prejuicios y sentimientos negativos a la vez que conduzco a mis hermanos a esa liberación.

Pudiera pensarse que, dado que aún estamos aquí, en el plano tierra, ella con su sabiduría callada, nosotros con nuestro amor filial, sería fácil romper ese hielo. Pero no es así. Los años han tejido una red invisible de inhibiciones, un velo de respeto que, paradójicamente, nos distancia a pesar de ser una familia muy unida.

Mis hermanos y yo tenemos límites al demostrar afectos, no nos abrazamos con la naturalidad con que lo hacen sus hijos y los nietos, esos seres pequeños que, libres de ataduras, se arrojan en brazos de la abuela y a nuestros brazos sin calcular la profundidad del gesto porque ellos vienen a romper esos patrones.

Ellos no piensan en el peso de la timidez ni en las barreras afectivas; simplemente aman y son amados sin condiciones. Nosotros, en cambio, cargamos con la herencia silenciosa de una educación donde el cariño se demostraba con actos, no con contacto.

Mi madre, aunque tierna en esencia, lleva consigo ese rasgo de timidez. Es una mujer de gestos medidos, de afecto demostrado en la comida preparada con esmero, en la ropa lavada con paciencia, en el consejo dado con caracter. El gesto más tierno es su mano o su mejilla sobre nuestra piel para saber la intensidad de la fiebre.

Pero sus brazos rara vez se abren por iniciativa propia para abrazar a sus hijos, y cuando lo hacen, hay una rigidez que delata años de contención. Mi hermano menor demuestra celos ante el cariño de mi madre hacia los nietos. Ese cariño le fue necesario a él más que a nadie.

Esto le viene a mi madre de una infancia donde el afecto era un lujo secundario ante la urgencia de sobrevivir. O tal vez de una cultura que enseñó que el amor verdadero no necesita de exhibiciones. El caso es que ese modelo se filtró en nosotros, sus hijos, como un mandato invisible, como quien dice querer no significa tocar.

Y así, somos parte de una paradoja, nos amamos profundamente, pero ese amor no siempre encuentra cauce en el contscto físico. Las barreras no son de indiferencia, sino de algo más complejo, el miedo a vulnerar el espacio sagrado del otro, a romper la intimidad del otro; es temor a pasar la pena.

La timidez aquí es el temor a que, al mostrarnos por completo, descubramos que no sabremos sostenernos en esa nueva intimidad; temor a ser rechazados o parecer falsos.

Pero en los nietos hay una lección. Ellos no han heredado esos candados. Corren, se aferran, ríen sin calcular si su cariño es excesivo. En su espontaneidad, desnudan la verdad que el afecto no necesita permiso para existir. Su libertad es un espejo que nos devuelve la imagen de lo que pudimos ser, o quizá aún podemos ser, si nos atreviéramos a desaprender ciertos patrones.

Al final, el tiempo pasa, como ese río que no puedes retener. Y cada instante perdido en el quizá después es un tesoro que se escurre. Quizá la solución no sea forzar lo que no surge naturalmente, sino empezar por reconocer estos gestos ausentes, nombrarlos como lo hago en esta comunidad para el crecimiento personal, y entonces, tal vez, dar un paso pequeño, enseñando a los más jóvenes el valor de un abrazo.

Las barreras afectivas no se derriban con un golpe, sino con la paciencia de quien aprende, al fin, a caminar sin miedo hacia el otro.



Gracias por visitar mi blog, soy Critica de arte e Investigadora Social, amante de la cocina. Te invito a conocer más de mi, de mi país y de lo que escribo. Texto y fotos de mi propiedad.



Sort:  

Mi madre tampoco era dada al afecto físico, probablemente por cuestiones generacionales. Me ha tocado hondo este post. Gracias.

Gracias querida, así nos acompañamos

El abrazo, ese gesto que nos reconforta tanto. Tuve una hermosa tía que abrazaba a todos con frecuencia, y cada vez que nos veíamos nos dábamos un abrazo tan agradable que nos recargaba a ambas. Con el tiempo fui aprendiendo y entendiendo que no todos crecieron aprendiendo a dar abrazos, pues en sus familias no se acostumbraba.

Y bueno, en los países europeos o mejor dicho del otro lado del charco para allá bien lejos, el abrazo es considerado un gesto exagerado.

Es maravillosos que los niños vayan rompiendo patrones y las siguientes generaciones disfruten del abrazo. En mi caso con mis hermanos somos muy unidos y nos abrazamos cada vez que podemos. Con mi mamá lo disfruto más ahora que soy mamá, ja ,ja ,ja, es cómo si comprendiera lo importante que es un abrazo mío para ella, aunque no lo pida, porque no fue criada para pedir abrazos, se los doy y sé que la reconfortan. Ella se ha convertido en una abrazadora también.

Te abrazo, virtualmente, pero te abrazo.

Gracias querida amiga. Es bueno saber que transitar así sanando. Un abrazo

Saludos
@tipu curate 8

Que honor. 🤍💜

Leo tu historia con tu madre y me parece un dejá vu de mi propia historia. Parece que es un
rezago de esa generación.
Solo te aconsejo,amiga tu que aún puedes,rompe la barrera y abraza a tu madre, quizás ella también, lo esté necesitando.

Gracias amiga, así es, poco a poco vamos cambiando patrones. Un abrazo

Esa última imagen lo dice todo. Ví a Jorgito corriendo hacia tí gritando te amooooo y eso es maravilloso él tan pequeño ya ha sanado a todo su clan. Así que vendrán generaciones más amorosas y tiernas, porque ustedes han sido conscientes de lo que necesitan.

Creo que efectivamente es un rasgo de una generación que creyó que el afecto demostrado era secundario o incluso perjudicial. Lo digo porque igual es mi caso, mi mamá contiene sus demostraciones de afecto, no es Dada a los abrazos, a los besos... Si embargo mi hija, logra recortar todos los muros y ahí va con los abrazos sobre ella, con los besos, y ahí es donde desarma, tumba los muros.

Esos contrastes son los que nos dan las enseñanzas, no lo veo con dolor, solo es así y es común. Gracias por tu comentario

Un análisis profundo, un hondo cariño. Tienes razón cuando afirmas que es necesario desaprender patrones. Eso es todo un arte. En ese sentido los niños siempre son grandes maestros, pues su natural espontaneidad enseña mucho. Muy disfrutable tu texto en el tono poético e íntimo que el tema merece.

Gracias, muy gentil eres. 💜🤍

Los cánones de comportamiento de otros tiempos veían mal las demostraciones de afecto que hoy nos parecen normales. Pero las sociedades cambian junto con sus ideas y principios nucleares. Las buenas costumbres evolucionan y por suerte hoy la percepción sobre las demostraciones de afecto han evolucionado mucho.

Si afortunadamente han cambiado. Es un proceso que cambia gradualmente. Gracias amigo

En mi familia somos muy expresivos con las manifestaciones de cariño, y somos muuchos y unidos; pero eso es cultural; no hay necesidad de manifestaciones cuando se está allí cuando se debe estar.
Y bueno, me has conmovido, amiga @iriswrite
Muchas, pero muchas gracias por tenernos a nosotros los amigos de la comunidad de @holos-lotus como capaces de estar en estos momentos y cuando lo necesites.
Me alegra la evolución generacional que deja a un lado la timidez y el miedo a amarnos sin problemas.
Un abrazo y mil bendiciones.

Gracias por tu apoyo y gentileza. Si que es cultural, el amor es inmenso pero los patrones son fuertes. Un abrazo para ti.