Insight as a necessity / La perspicacia como una necesidad (eng-esp)

in Holos&Lotus5 days ago

Greetings, friends of @holos-lotus.

According to psychology, there are different types of intelligence. Among them are cognitive and emotional intelligence. These encompass all other types of intelligence.
However, there is one skill that I haven't yet been able to classify, and I would like my friends @psicologopoeta and @emiliorios to help me with this: perspicacity. This is an acquired skill that is very necessary for everyone in life.


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In my work as a writer, I have learned a fundamental truth: not everything is what it seems. My job is precisely to see beyond the obvious.

A story isn't just the superficial plot; it's the characters' hidden motives, the unspoken tensions, the consequences of seemingly simple acts.

The same is true in real life. There are truths that are only revealed by looking behind the mask, through the curtain. The first impression, the rehearsed speech, the social smile: all of that is just the surface.

The truth (the one that matters, the one that defines situations and people) is almost never in plain sight. It's in the details that contradict the words, in the awkward pauses, in what is deliberately left unsaid.

As a reader, I've read texts where the most revealing element wasn't what was written, but what was omitted. In real life, perspicacity is the ability to read those omissions.


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Therefore, I don't believe that having insight, or being an insightful person, is distrust, but rather clarity. Distrust is a state of prejudiced rejection.

Insight is the result of active and neutral observation. It is a lens that focuses precisely, not a wall that blocks everything.

By being insightful, we can perceive the truth through actions, contradictions, and repetitive patterns. We can accept or understand what others cannot, because they didn't just look at the facade.

In a negotiation, I don't just listen to the financial offer; I observe body language, haste, and concessions that seem too easy.

All of this gives me a more realistic picture of the situation and the other person. It gives me clarity to decide.


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This clarity has an enormous practical benefit: when we learn to see through illusions and masks, we no longer allow ourselves to be manipulated or deceived by false appearances.

In this way, you stop being a reactive actor in the play of others and become an informed observer. Excessive flattery ceases to be mere praise and reveals itself for what it can be: a strategy. Destructive criticism loses its power to wound when you detect the envy or insecurity that motivates it.

This ability allows you to walk through life with a different kind of confidence. It's not the naive confidence of someone who believes everything is good, but the solid security of someone who can discern and, therefore, choose with better information who to approach, what to trust, and when to protect themselves.


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But to cultivate this, in my opinion, we need a combination of emotional and cognitive intelligence. I don't think one alone is enough. Cognitive intelligence gives us the analytical framework: logic, the ability to deduce, to find inconsistencies. It's what examines the facts. Emotional intelligence gives us access to the underlying world of motivations, fears, desires, and feelings, both our own and others'. It's what interprets the why. Insight is born from the fusion of both. You need the objectivity of the former to avoid being deceived by your own emotions, and you need the sensitivity of the latter to avoid falling into a cold cynicism that also fails to see the whole picture.

It is the point of equilibrium where knowledge meets wisdom.


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Insight, therefore, is not an innate gift. It is a skill that is built. It is built by paying deliberate attention, listening more than speaking, questioning obvious narratives, and, above all, learning from past errors of perception. Ultimately, it's the most practical tool for navigating a complex world. It doesn't make you invulnerable, but it gives you a much more reliable compass. And in a world full of noise and appearances, that compass... It's not a luxury, it's a necessity.


En español


Saludos, amigos de @holos-lotus.

Según la psicología hay diferentes tipos de inteligencias. Entre ellas están la cognitiva y la emocional. Estas agrupan a todos los otros tipos de inteligencia. Sin embargo, hay una habilidad que aún no he podido clasificar y quisiera que los amigos @psicologopoeta y @emiliorios me ayudaran con este tema: la perspicacia. Esta es una habilidad adquirida muy necesaria para todos en la vida.


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En mi oficio de escritora, he aprendido una verdad fundamental: no todo es lo que parece. Mi trabajo consiste, precisamente, en ver más allá de lo obvio.
Una historia no es solo la trama superficial; son los motivos ocultos de los personajes, las tensiones no dichas, las consecuencias de actos aparentemente simples.
Trasladado a la vida real, ocurre lo mismo. Hay verdades que solo se descubren mirando detrás de la máscara, a través del telón. La primera impresión, el discurso preparado, la sonrisa social: todo eso es la superficie.
La verdad (la que importa, la que define situaciones y personas) casi nunca está a la vista. Está en los detalles que contradicen las palabras, en las pausas incómodas, en lo que se evita mencionar con énfasis.
Como lectora, he leído textos donde lo más revelador no era lo escrito, sino lo omitido. En la vida real, la perspicacia es la capacidad de leer esas omisiones.


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Por eso, tener perspicacia, o ser una persona perspicaz, no creo que sea desconfianza, sino claridad. La desconfianza es un estado de rechazo prejuicioso.
La perspicacia es el resultado de una observación activa y neutral. Es una lente que enfoca con precisión, no un muro que bloquea todo.
Al ser perspicaces, podemos notar la verdad a través de las acciones, las contradicciones y los patrones repetitivos. Podemos aceptar o comprender aquello que otros no pueden, porque no se quedaron mirando la fachada.
En una negociación, no solo escucho la oferta económica; observo el lenguaje corporal, la prisa, las concesiones demasiado fáciles.
Todo eso me da un mapa más real de la situación y de la otra persona. Me da claridad para decidir.


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Esta claridad tiene un beneficio práctico enorme: cuando aprendemos a mirar a través de las ilusiones y las máscaras, ya no dejamos que nos manipulen o engañen las falsas apariencias.
De ese modo dejas de ser un actor reactivo en la obra de otros y te conviertes en un observador informado.
Un halago excesivo deja de ser solo un cumplido y se revela como lo que puede ser: una estrategia. Una crítica destructiva pierde su poder de herir cuando detectas la envidia o la inseguridad que la motiva.
Esta habilidad te permite caminar por la vida con una confianza distinta. No es la confianza ingenua de quien cree que todo es bueno, sino la seguridad sólida de quien puede discernir y, por lo tanto, elegir con mejor información a quién acercarse, en qué confiar y cuándo protegerse.


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Pero para cultivar esto, en mi opinión, necesitamos una combinación de inteligencia emocional y cognitiva.
No creo que baste con una.
La inteligencia cognitiva nos da el marco analítico: la lógica, la capacidad de deducir, de encontrar incongruencias. Es la que examina los hechos. La inteligencia emocional nos da acceso al mundo subyacente de las motivaciones, los miedos, los deseos y los sentimientos propios y ajenos. Es la que interpreta el porqué.
La perspicacia nace de la fusión de ambas. Necesitas la objetividad de la primera para no engañarte con tus propias emociones, y necesitas la sensibilidad de la segunda para no caer en un cinismo frío que tampoco ve la realidad completa.
Es el punto de equilibrio donde el conocimiento se encuentra con la sabiduría.


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La perspicacia, por tanto, no es un don con el que se nace. Es una habilidad que se construye. Se construye prestando atención deliberada, escuchando más de lo que se habla, cuestionando las narrativas obvias y, sobre todo, aprendiendo de los errores de percepción pasados.
En el fondo, es la herramienta más práctica para navegar un mundo complejo. No te hace invulnerable, pero te da una brújia mucho más confiable. Y en un mundo lleno de ruido y apariencias, esa brújula no es un lujo, es una necesidad.

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muy buena reflexión


very good reflection