Estaba paseando por los pasillos de Hive y me encontré con estas imágenes que, wow, me trajeron gratos recuerdos. Me recordó al Ambulatorio del Norte en Maracay. En esas salas de espera se vivían horas de paciencia, pero lo mejor era la atención de cada médico; al menos en mi caso, fue espectacular. Siempre me ofrecían soluciones y la conversación era tan amena que sentía que visitaba a una amiga o un amigo.
Un servicio extraordinario y poco común, porque en la mayoría de las dependencias públicas los trabajadores suelen tener el ceño fruncido.
Qué bonitas imágenes, me han sacado una sonrisa.
Gracias, estimada doctora María José (@marijo-rm).
Saludos desde este lado del planeta. Espero volver a leerla.
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