¡Se nos fue volando el tiempo!
Se esfumó para no volver.
Y aún me siento a esperar el momento
Para ver.
Si algún día regresaré.
El tiempo, muchos dicen que el tiempo es hermoso, el de Dios es perfecto, y que siempre sea así, el tiempo es un recurso invaluable, es oro en nuestra vida cotidiana, desde que nos levantamos hasta el momento en que nos vamos a dormir el tiempo cuenta, no por las agujas que se mueven ni por cómo se vea el cielo, sino que este recurso no lo podemos guardar en un frasco, no lo podemos retener, ni conservar, es como el viento, no tiene dueño, ni lugar de residencia, y como el tiempo es tiempo, quiero objetar como si estuviera en una corte sobre algo que pueda que le pertenezca al tiempo, pero, en realidad le pertenece al hombre, la puntualidad, esa que es una manifestación de nuestro respeto hacia el recurso, hacia los demás, hablar de la puntualidad, si quiero porque, es molesto, tener una cita o reunión pautada con un mes de anticipación, viviendo tan cerca del lugar trazado, las personas tienen la osadía de llegar tarde, pocos entienden, la importancia de llegar a tiempo, si llegan cuarenta minutos después de la hora acordada, por una parte, se pierden parte de una información necesaria o de compartir con personas agradables, interrumpes el flujo del tema que se está tratando, y aunque parece mentira la impuntualidad habla por sí sola y le grita al anfitrión que como invitado, no valoro su tiempo; cuesta poco y vale tanto llegar a tiempo, que cuando muchos se dan cuenta de esto, ya es demasiado tarde.
He deambulado, por las calles de la ciudad, entre el trabajo y mi salud, me encuentro al borde del colapso, estoy en todas partes, pero en ningún lado y a todos los lugares a los que me dirijo siempre llego a tiempo, me resulta incómodo y una falta de respeto cuando, hace unos días en mi consulta rutinaria, todo el consultorio se paralizó por un paciente que llevaba veinte minutos de retraso, el problema no es solo llegar tarde, sino que atrasó la consulta de los demás y en lugar de pedir disculpas, soltó ese refrán que a veces pega en el hígado “más vale tarde que nunca”, de forma irónica, pero como justificación a su impuntualidad. Voy a ser razonable, no estoy en contra de este refrán, pues, el uso de este puede ser razonable en ciertas ocasiones, pero, se convierte en un muy mal hábito.
Hoy llame al consultorio para asistir a un chequeo, y qué casualidad que con la asistente de mi doctor está concretando una cita, esta persona impuntual, ya mi oído reconoce su voz, por eso cuando la escuche muy sarcástica, cancele mi cita, lo afirmo me irrité tanto aquel día, que me puse a investigar, y me sorprendí al descubrir que quienes siempre llegan tarde, suelen justificar su conducta con cualquier excusa, esto me hace preguntarme: — ¿Planificamos nuestro tiempo adecuadamente?
Ser puntual, es una habilidad que se aprende y se desarrolla, requiere comprometerse, establecer hábitos y si reconocemos que en la mañana al despertar no nos alcanza el tiempo, hacemos todo, el día o la noche anterior, el tiempo es oro y este repercute en nuestras acciones, y las acciones afectan a los demás. La cultura y el entorno influyen en la percepción del tiempo, aunque parece mentira, en algunos lugares, la puntualidad es un valor altamente respetado, mientras que en otros, llegar tarde es más aceptable; seamos francos, aunque se ve tentador adoptar la conducta de llegar tarde, recordemos que depende de nosotros y tenemos el poder para hacer la diferencia, si vamos a adoptar una conducta de otra persona que sea la de llegar a tiempo, que la puntualidad hable de quienes somos aun cuando no estamos, ser puntual es enseñar con respeto y consideración; la puntualidad no es solo llegar a tiempo, esta refleja la ética laboral y la clasificación de prioridades.
Se puede hacer de la puntualidad una moda para impactar la vida laboral y personal, alguien puntual es alguien netamente competitivo, responsable y trasmite confianza. Valoremos nuestro entorno y el trabajo de cada persona, respetemos, como nos gustaría que nos respetaran, por ende, hagamos de la puntualidad un mal hábito, para que reconociéndolo como malo lo sigamos haciendo, ¡psicología inversa!, no lleguemos a tarde a ningún lado, para llegar siempre puntuales, esto de estar a tiempo en todas partes refleja quienes somos y como valoramos el tiempo de los demás, mejoramos nuestras vidas, colaboramos en crear o mantener espacios respetuosos y de trabajo eficiente, así que cuando consideremos que más vale tarde que nunca, entiende que estás comunicando desinterés y poco esfuerzo, el #tiempo es oro, es perfecto es esencial y se nos olvida que pasa y nunca vuelve, cada momento, cada tiempo cuenta y cuesta.

Imagen Freeepik.

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