Esta Navidad me encuentra en un lugar distinto al de otros años. No necesariamente peor, pero sí diferente. Con más silencios internos, con emociones que no siempre sé nombrar y con una conciencia más clara de todo lo que ha cambiado en mí. Durante mucho tiempo pensé que la Navidad debía sentirse de una sola manera: alegría, entusiasmo, ganas de compartir. Hoy entiendo que no siempre es así, y que también está bien.
Este año no me nace forzar sonrisas ni cumplir expectativas ajenas. Me descubro más reflexiva, más sensible, más honesta conmigo misma. Hay recuerdos que vuelven, etapas que ya no están, vínculos que se transformaron y otros que quedaron atrás. Y aunque la Navidad suele venir envuelta en luces y celebraciones, también puede ser un espejo que refleja todo lo que hemos vivido durante el año.
He aprendido que no todas las Navidades llegan con el mismo ánimo. Algunas llegan para celebrar, otras para resistir y otras, como esta, para escuchar lo que hemos estado callando. En mi caso, esta fecha me invita más a la introspección que al festejo. A reconocer que he cambiado, que he crecido y que también he cargado más de lo que se nota desde afuera.
Durante mucho tiempo sentí que si la Navidad no me hacía feliz, algo estaba mal conmigo. Como si no sentir entusiasmo fuera una falta, como si no participar con la misma energía me hiciera ingrata. Hoy empiezo a soltar esa idea. Entiendo que cada proceso es distinto y que no todos los corazones llegan iguales a estas fechas.
Esta Navidad me enseña que cuidarme también es una forma de celebrar. Que respetar mis tiempos, mis silencios y mis emociones es más valioso que cumplir con una imagen perfecta. No necesito grandes reuniones ni adornos excesivos para darle sentido a estos días. A veces, basta con estar en paz conmigo misma y con lo que siento.
También he comprendido que la Navidad puede doler un poco, y que eso no la invalida. Duele cuando hay ausencias, cuando hay heridas que aún cicatrizan, cuando miramos atrás y reconocemos cuánto hemos tenido que soltar. Pero incluso ese dolor trae aprendizaje. Me recuerda que sigo aquí, que sigo avanzando y que he sobrevivido a cosas que un día pensé que no podría.
No sé exactamente cómo quiero vivir estas fechas, y por primera vez no siento la necesidad de tenerlo claro. Tal vez esta Navidad no sea ruidosa, pero sí sincera. Tal vez no esté llena de planes, pero sí de conciencia. Y eso, para mí, también tiene valor.
Hoy elijo permitirme una Navidad a mi manera. Sin exigencias, sin comparaciones, sin culpas. Una Navidad donde el mayor acto de amor sea escucharme, acompañarme y no pedirme sentir algo distinto a lo que realmente siento. Porque al final, la verdadera luz no siempre está en las decoraciones, sino en la capacidad de ser honestos con nuestro propio proceso.
Deseo que estas fechas encuentren a cada lector con la fuerza necesaria para respetar su propio proceso, sin exigencias ni comparaciones.Que nos regalen, sobre todo, un poco más de comprensión hacia nosotros mismos.
A pollinator from The Pollen Nation feels this post deserves extra attention!
We appreciate your contribution to the blockchain.
For more information or to reach out to us, join our Discord server!