
A veces tenemos miedo a un poco de ociosidad porque nos obligaría a descansar nuestros pensamientos y a enfrentarnos con la vital pregunta de "¿qué narices estoy haciendo?". Es por eso que muchos deciden seguir trabajando hasta la extenuación, buscando más y más productividad. "Ya descansaré cuando me muera", dicen, olvidando que están muriendo en vida, pues una vida sin ocio, ni es vida, ni es negocio.