Mirar una fachada y leer la vida dentro / Looking at a Facade and Reading the Life Within (ESP - ING)

in Hive Cuba2 months ago

Buenas noches hives, es mi primera vez como socióloga abordando temas sociales por esta comunidad. Deseo que esta perspectiva, les guste.

En La Habana, una ciudad de contrastes forjados a fuego por la historia y la economía, la calle L, en el céntrico municipio Plaza de la Revolución, se erige como una página abierta de un libro cuyas letras son el cemento, la pintura y el deterioro. Caminar por ella no es solo un acto de traslado; es una inmersión forzosa en una narrativa visual de desigualdades. Aquí, la fachada de los inmuebles no es un simple frente decorativo, sino la portada legible de la vida que late en su interior, un testimonio mudo de las dinámicas paralelas que coexisten en un mismo código postal.

Imagina la escena: tres edificaciones contiguas. La primera, una residencia restaurada con esmero, su fachada luce una pintura fresca en un color pastel y las rejas están libres de óxido. Es un suspiro de modernidad y cuidado. Detrás de esa pared, se intuye una vida de cierta estabilidad: tal vez residentes con acceso a divisas, familia en el extranjero, o simplemente los recursos y la energía para librar la batalla diaria contra la entropía que amenaza a la ciudad. Esta fachada habla de resistencia, sí, pero de una resistencia privilegiada, capaz de importar materiales o contratar mano de obra especializada.

Justo al lado, el segundo inmueble cuenta una historia diametralmente opuesta. La fachada, muestra la epidermis desgarrada. Los desconches de la pintura revelan capas de otras épocas, guardando la memoria. Las nuevas adecuaciones para vivir más personas en el reducido espacio, con balcones cual miradores de la vida social, hoy se curvan hacia la calle con un peligrosa inclinacion algun que otro tanque de almacenamiento de agua, macetas precarias (sin plantas en ellas) y tendederos de ropa, común a cualquier cotidianidad de un hogar. Leer esta fachada es leer una vida de escasez. Habla de mantenimiento postergado, de la imposibilidad de acceder a un saco de cemento o a una lata de pintura. Denota una batalla perdida contra los elementos y una economía doméstica que debe priorizar el alimento sobre la estética, la supervivencia sobre la conservación.

Y entre ellos, un tercer edificio, quizás en un estado intermedio, por ser parte de una institución del Estado. Su estado técnico y estético puede ser en sí una conjunción de las dos edificaciones antes descritas. Por ello, te propongo dejar volar la imaginación.

Este tríptico en la calle L es un microcosmos de La Habana y de sociedades donde las desigualdades se han cronificado. Las fachadas son la línea que separa dos realidades económicas que, aunque compartan la misma acera, viven en circunstancias distintas.
Mirar una fachada en La Habana, entonces, es un acto de lectura profunda. Es interpretar el código de las grietas, descifrar el mensaje de las paredes y entender la elocuencia del color nuevo.

La acción para cambiar este fenómeno no puede ser solo un plan de pintura superficial. Debe ser un compromiso colectivo que priorice la vivienda digna como un derecho humano fundamental, que fomente políticas de rehabilitación accesibles para todos, que genere mecanismos económicos que permitan a cada familia, independientemente de su situación, tener el poder de cuidar su hogar.

La fachada de cualquier casa debe tener la oportunidad por igual de contar una historia de cuidado, equidad y futuro compartido.

Good evening, hives. This is my first time as a sociologist addressing social issues for this community. I hope you enjoy this perspective.

In Havana, a city of contrasts forged by history and economics, L Street, in the central Plaza de la Revolución municipality, stands like an open page of a book whose letters are cement, paint, and decay. Walking along it is not just an act of getting from one place to another; it is a forced immersion in a visual narrative of inequalities. Here, the facades of the buildings are not merely decorative fronts, but the legible cover of the life that beats within, a silent testament to the parallel dynamics that coexist within the same postal code.

Imagine the scene: three adjacent buildings. The first, a meticulously restored residence, boasts a fresh pastel paint job and rust-free ironwork. It is a breath of modernity and care. Behind that wall, one senses a life of relative stability: perhaps residents with access to foreign currency, family abroad, or simply the resources and energy to wage the daily battle against the entropy that threatens the city. This facade speaks of resilience, yes, but of a privileged resilience, capable of importing materials or hiring skilled labor.

Right next door, the second building tells a diametrically opposed story. The facade displays a tattered surface. The peeling paint reveals layers of other eras, preserving memories. The new adaptations to accommodate more people in the confined space, with balconies like viewpoints overlooking social life, now curve precariously toward the street, displaying the occasional water storage tank, precarious flowerpots (without plants in them), and clotheslines—common sights in any home. To read this facade is to read a life of scarcity. It speaks of neglected maintenance, of the impossibility of accessing a bag of cement or a can of paint. It denotes a losing battle against the elements and a household economy that must prioritize food over aesthetics, survival over preservation.

And among them, a third building, perhaps in an intermediate state, because it belongs to a state institution. Its technical and aesthetic condition may itself be a combination of the two buildings described above. Therefore, I propose that you let your imagination run wild.

This triptych on L Street is a microcosm of Havana and of societies where inequalities have become chronic. The facades are the line that separates two economic realities that, although they share the same sidewalk, live in different circumstances.

Looking at a facade in Havana, then, is an act of profound reading. It is interpreting the code of the cracks, deciphering the message of the walls, and understanding the eloquence of the new color.

The action to change this phenomenon cannot be just a superficial paint job. It must be a collective commitment that prioritizes decent housing as a fundamental human right, that promotes rehabilitation policies accessible to all, and that generates economic mechanisms that empower every family, regardless of their circumstances, to care for their home.

The facade of every house should have the equal opportunity to tell a story of care, equity, and a shared future.

Sort:  

Una lectura interesante, necesaria diría yo. Una lectura que con sus semejanzas y diferencias podemos hacer hoy en casi todos los barrios de este país. Los edificios hablan, y de qué manera tan franca y directa, de qué manera tan ajena a las conveniencias y los discursos. Los edificios con su solidez (o carencia de ella) van desnudando la vida de quienes los habitamos.

Creo que en cierto sentido son un espejo de las sociedades, y aunque esté de más decirlo, no me siento cómodo con los reflejos que intuyo en los edificios de hoy. Tanta cháchara de patrimonio y esto y aquello y al final solo los edificios que de alguna manera lograron montarse en el tren del turismo hoy tienen caras agradables. El resto sigue el camino que la entropía marca.

Excelente post

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Y yo que pensaba que era el único que construía historias en el camino mientras deshilaba cada detalle de las fachadas y los entornos...
Por cierto, mi primera maestría fue en Desarrollo Comunitario y di clases de sociología, ¡qué bueno lo seas!
¡Feliz domingo!

Una perspectiva muy interesante de ver nuestro entorno cotidiano.