Aquí estoy, en el último día de este… año. No encuentro una palabra que lo defina sin recurrir al vocabulario de un borracho perdido en los benevolentes jugos etílico. El 2025 no fue un año, fue una pesadilla. Fue el año en el que el suelo, esa cosa que se supone firme y estable, se volvió agua. Y yo, bailando sobre ella, tratando de no caer del todo y sin saber nadar.
El desempleo es un maestro cruel. No te quita solo un sueldo o una rutina; te roba pedazos de identidad, te susurra dudas a las tres de la mañana y convierte cada notificación del correo en un pequeño ataque de pánico. He visto más correos de "hemos procedido con otro candidato" que mensajes de amigos. He refinado mi currículum hasta la saciedad, he hecho entrevistas que parecían prometedoras para luego evaporarse en el silencio. El "qué haces" en una reunión casual se volvió una pregunta trampa maléfica. 2025 fue el año del "estoy en búsqueda activa". Del "estoy explorando opciones". Del silencio incómodo que sigue, porque si dejé de lado un trabajo que no funcionaba....obvio era que tenía que comer y todooooo apuntaba a no mejorar si seguía ahí sin trabajar porque tampoco tenía luz....cogiendo palos por no presentar el informe a tiempo.
Por eso, 2025, no quiero repetirte. No quiero tu incertidumbre pegajosa, tu sensación de estar en pausa mientras la vida de otros avanza a cámara rápida. No quiero despedirte con rabia, porque sería gastar energías que ya escasean, pero sí quiero cerrar esta puerta con un portazo definitivo. Tu lección está aprendida, y ha sido dura. Bien convalidada con apagones, enfermedades, problemas familiares....etc.
Y es aquí donde, al hacer balance de este período encuentro la única cosa positiva: aprendí a sobreponerme.
Aprendí que levantarse no es un acto grandioso y heroico, sino una sucesión de pequeños gestos tercos. Es hacer la cama aunque no tengas a dónde ir. Es mandar una solicitud más cuando la motivación brilla por su ausencia. Es darte una ducha fría en diciembre porque hay agua y no luz, salir a caminar, cocinar algo porque fue lo que conseguiste hoy. Es llorar un rato en el sofá y luego secarte la cara y respirar hondo. La resiliencia, descubrí, no es una armadura brillante; es la costra áspera que se forma sobre la herida, permitiéndote seguir moviéndote aunque duela.
Así que me despido de ti, 2025. No con un agradecimiento, porque no eres digno de él, sino con un reconocimiento frío.

Pero ahora miro al 2026, brumoso ( siendo partícipe y fan de Sanderson) y lleno de incógnitas. No le pido que sea perfecto; no creo en esos cuentos. Solo le pido que sea mejor. Que sea el año de un "sí" después de tantos "no". Que sea el año en el que la constancia encuentre su recompensa. Que sea el año en el que, al mirar atrás, no vea un abismo, sino la pendiente que logré escalar.
Llego a tu puerta, 2026, con los nudillos blanquecinos de tanto aferrarme, pero con los pies un poco más firmes. Llego sin trabajo regular y de mi agrado, pero con una terquedad recién forjada. Llego cansada, pero no derrotada. La única dirección posible desde el fondo es hacia arriba.
Y este año, ay de quién me detenga!!
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