Aufheben y Verwirklichen

in #filosofia16 days ago

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Dice Agamben, citando a Marx que, “la filosofía no se puede realizarse [verwirklichen] sin suprimir [Aufheben] el proletariado; el proletariado no se puede suprimir si la filosofía no se realiza”. La arqueología lingüística de Agamben, aquí, es fina. Aufheben no es cualquier tipo de supresión; no es, en definitiva, la katargēsis paulina de las epístolas. Tiene más bien su origen en la mitología reformista:

En el principio Cristo creó la Iglesia. Y la Iglesia estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de la Iglesia se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Cristo: “Tu eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia (Mateo 16,18)” Y vio la Iglesia que Pedro era bueno; y separó a Pedro de los discípulos. Y llamaron a Pedro piedra de la Iglesia, y a los discípulos llamó evangelizadores. Y fue el Evangelio y el Ministerio Apostólico un día.
Luego dijo Constantino I: sea una religión el cristianismo, y que florezca en el Imperio Romano, y separó a Cristo de otros dioses. Y fue así. Y llamó Teodosio I, al cristianismo la religión oficial del Imperio. Y fue Roma y Cristo el día segundo.
Dijo el poder imperial: júntense obispos y monjes, atáquese el paganismo, ciérrense templos paganos y conviértanse todos al cristianismo. Y así fue. Y llamó el Imperio a lo convertido Sacro y a la reunión de salvajes, bárbaros. Y la Iglesia vio que era bueno. Después la Iglesia dijo: conviértanse los germanos y que crezca la fe en Europa. Después dijo: que sean fieles a la Iglesia según su cultura, y que crezca la fe sobre sus tierras. Y fue así. Los germanos, pues, fueron arrianos y, los francos, nicenos. Y también los suevos, visigodos, lombardos y otros pueblos bajo la influencia del Imperio Romano fueron cristianos. Y vio la Iglesia que esto era bueno. Y fueron las controversias cristológicas: arrianismo, nestorianismo y otros, la gran crisis trinitaria, el día tercero.
Dijo la Iglesia, que haya un patriarca en Roma para que guíe al rebaño e instruya en la fe y sean también siervos de la fe en los confines del Imperio grandes hombres que gobiernen con la luz de la Iglesia. Y así fue. E hizo la Iglesia los Estados Pontificios para edificar el Evangelio y el Imperio Sacro Romano bajo el signo de Cristo, en Occidente para proteger a sus fieles; hizo también a los doctores de la Iglesia. Y los puso la Iglesia en la expansión del Mundo para separar a los fieles de los herejes. Y vio el Mundo que era bueno. Y fue la autoridad papal y los emperadores del Sacro Imperio Romano el día cuarto.
Dijo la Teología de Occidente: “Que procede del padre y del hijo, y que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y que habló por los profetas.” Y agregó, “Como sucesor de San Pedro tiene autoridad universal sobre toda la Iglesia. Y del cristianismo salieron dos grandes leviatanes de la fe, en el Occidente el poder absoluto del Papa, y en el Oriente los patriarcas según sus concilios ecuménicos. Y vio la fe que esto era bueno. Y la fe los bendijo diciendo: debatan y renieguen, y llenen de católicos el Occidente y de ortodoxos el Oriente. Y fue la Iglesia Ortodoxa y la Iglesia Romana el quinto día.
Luego dijo el Papa: Hagamos de Europa una autoridad universal que abarque toda la cristiandad de Occidente, santificado por la Iglesia y con una base territorial en tierras germánicas y el Sacro Imperio Romano Germánico se expandió según su especie, y todo fiel igual se expandió según su especie sobre la Tierra. Y vio el Sacro Imperio que esto era bueno.
Entonces dijo el Evangelio: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en las islas anglas, jutas y celtas, en las tierras latinas y en los pueblos germanos. Y creó el dogma la primacía del Papa, a imagen de Pedro la creo: la verdadera Iglesia Católica. Y a esta Iglesia Católica le dijo se una y verdadera, universal y apostólica; sojuzga el Mundo y gobierna según mi palabra a todos los seres que se mueven en los cielos y sobre la tierra.
Y dijo el Papa a sus Obispos: He aquí que todo lo que hay es para ustedes: toda persona que piensa, todo hombre que siente; os serán para crecer. Y a toda creatura de la tierra, a todo individuo del cielo, y a todo sujeto que se arrastra sobre la tierra, les será para crecer. Y fue así. Y vio él que todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue Cristo y el Anticristo el día sexto.
Fueron, pues, acabados el Evangelio y los Ministerios Apostólicos, y todo el creyente de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo con la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación.

Y aunque Dios acabó con todo el séptimo día, el hombre insistió. Y yo me pregunto, ¿qué fue lo que vio que no vio Lutero, pero que sabía que veía? ¿Por qué un hombre de sus capacidades, un teólogo, un hermeneuta del Evangelio, insistió en el día séptimo? ¿Qué verdadero vértigo lo impulsó a asomarse en la obra que culminó el séptimo día y decidió desantificarlo? Por qué ese día, el séptimo, él —indignado, iluminado, ofuscado, furibundo, contrito— mostró el rostro humano de la Iglesia, el del Sacro Imperio Romano Germánico.
Martín Lutero, en víspera de Todos los Santos, trabajó. Y colocó en las puertas del Schlosskirche del príncipe Federico el Sabio, de Sajonia, el 31 de octubre de 1517 —del calendario juliano—, en Wittenberg, sus 95 tesis. Y abrió la brecha que iniciaría la Reforma protestante.
Aufheben…

El Aufheben luterano —como suspensión hermenéutica que conserva lo suspendido en un nuevo régimen de sentido— es la matriz conceptual que Hegel secularizará y convertirá en el motor de su dialéctica histórica y lógica.
En la teología del apóstol Pablo, katargēsis y su verbo katargeō constituyen un operador escatológico crucial. Significan “dejar sin efecto”, “invalidar”, “poner fuera de combate”. No es una destrucción material, sino la desactivación de un régimen cuya función ha llegado a su fin con la irrupción de lo nuevo en Cristo.

En Romanos 6:6, el “cuerpo de pecado” es katargēthē (anulado) por la unión con Cristo en la cruz.
En 1 Corintios 15:24-26, Cristo katargēsei (anulará) todo principado, autoridad, poder y, por último, la muerte misma.
El telos de la Ley: En Romanos 10:4, Pablo afirma que “τέλος γὰρ νόμου Χριστὸς” (“Cristo es el fin de la ley”).

Telos aquí es término, conclusión, meta final. La Ley como camino de justicia es llevada a su fin y sustituida por la justicia de la fe.
La katargēsis paulina es, por tanto, una anulación teológica definitiva. Es el acto de Dios que, en el evento Cristo, declara obsoleto un régimen anterior (la Ley, el pecado, la muerte) e instaura uno radicalmente nuevo (la Gracia, la justificación, la vida). Es un corte escatológico, no una transición dialéctica.

Cuando Lutero traduce el Nuevo Testamento (1522), enfrenta un dilema teológico. ¿Cómo verter katargeō al alemán sin caer en una “abolición” que sus enemigos antinomianos pudieran usar para justificar el libertinaje? Su solución es genial y decisiva: emplea predominantemente aufheben.
Romanos 3:31: “Heben wir denn das Gesetz auf durch den Glauben?” (“¿Anulamos [aufheben] pues la ley por medio de la fe?”).
Romanos 6:6: “auf daß der sündliche Leib aufhöre” (“para que el cuerpo pecaminoso cese”).

El Aufheben luterano no es una abrogación. Es una suspensión de la eficacia salvífica. Lutero, con su doctrina del usus legis (triple uso de la Ley), distingue:

Lo que se suspende (aufgehoben): La Ley como sistema de justificación y como acusador que condena al creyente. Su poder para dominar la conciencia es invalidado por la Gracia.
Lo que se conserva: La Ley como guía moral para el regenerado (tercer uso) y como freno social para el mundo (primer uso).

Aquí yace la innovación: Lutero escinde el concepto. La Ley no es destruida (como el telos paulino podría sugerir), sino levantada, suspendida en su función primaria, para ser reposicionada en una nueva economía de sentido. Esta es una suspensión hermenéutica que mantiene una tensión existencial (simul iustus et peccator). El creyente vive en la paradoja de una Ley a la vez anulada y válida.
Hegel hereda el término Aufheben cargado de esta historia teológica. En el prefacio de su Fenomenología del Espíritu (1807), le da su definición canónica en la filosofía:

“Aufheben tiene en el lenguaje un doble sentido: significa tanto conservar, mantener, como hacer cesar, poner fin. [...] Lo aufgehoben es al mismo tiempo algo conservado que sólo ha perdido su inmediatez, pero no por ello ha sido aniquilado.”

Hegel sistematiza y universaliza el gesto luterano:
Temporalización: Lo que en Lutero era una relación estática (Ley suspendida por la Gracia) se convierte en el movimiento mismo de la historia y el pensamiento: Tesis → Antítesis → Síntesis.
Universalización: Todo momento finito (un concepto, una forma social, una figura de la conciencia) está destinado a ser aufgehoben: negado en su pretensión de absoluto, conservado como elemento necesario, y elevado a un momento superior.
Racionalización: El Aufheben deja de ser un acto de fe para ser la ley inmanente de la autorrealización del Espíritu (Geist).
La diferencia crucial con Lutero: Para Lutero, la tensión entre lo suspendido y lo conservado era definitiva y existencial. Para Hegel, es provisional y lógica, un peldaño en la escalera hacia la Síntesis Absoluta, donde todas las contradicciones se reconciliarán en el Saber Absoluto. Hegel toma la forma de la suspensión luterana (negar-conservar-elevar) pero le otorga un fin reconciliatorio que Lutero reservaba solo para la escatología.
Marx, en La Sagrada Familia (1845), escribe la frase que motiva esta pesquisa: “La filosofía no se puede realizar sin suprimir el proletariado; el proletariado no se puede suprimir si la filosofía no se realiza.” La palabra clave aquí, en el original alemán, es “aufheben”.
Marx opera una inversión materialista de la dialéctica hegeliana. Lo que en Hegel era un movimiento del Espíritu, en Marx es el movimiento de la lucha de clases y la praxis humana.

Suprimir (aufheben) al proletariado significa suprimir las condiciones sociales que lo definen como clase explotada y alienada. Es la abolición de la propiedad privada, del trabajo asalariado, de la propia división de clases.
Conservar al proletariado significa conservar su potencia histórica universal, su capacidad de ser el sujeto de esta supresión-transformación.
Elevar al proletariado es su realización como humanidad genérica liberada, donde el libre desarrollo de cada uno es condición del libre desarrollo de todos.
El matiz marxista es, por tanto, práctico y revolucionario. El Aufheben no es solo un concepto lógico (Hegel) ni una suspensión hermenéutica (Lutero). Es un proceso histórico concreto por ejecutar. La “supresión” es la revolución comunista. Lo que se “realiza” al suprimirse el proletariado no es la Idea, sino la esencia humana alienada. Marx devuelve el concepto a la tierra, pero conserva la estructura triádica heredada: la vieja sociedad (tesis) es negada por la revolución (antítesis), conservando sus avances materiales, para ser elevada a una sociedad sin clases (síntesis).
El recorrido desde Pablo hasta Marx traza un arco dramático:
Pablo proclama una anulación escatológica (katargēsis) y un fin (telos) que marcan una discontinuidad radical.
Lutero, fiel a su lucha contra una Iglesia que había vuelto a erigir la Ley, atenúa esa anulación en una suspensión (Aufheben). Su traducción es un acto teológico que busca preservar la paradoja de la existencia creyente.
Hegel captura esta estructura de suspensión y la eleva a principio universal de devenir, secularizando el drama de la salvación en el drama del Espíritu.
Marx, finalmente, politiza y materializa el principio, transformándolo en la lógica concreta de la emancipación humana.

Por otro lado, como apunta Agamben, Hegel utiliza dos términos alemanes para realización en la Fenomenología del Espíritu: Verwirklichung y Realisierung.
Verwirklichung/Verwirklichen se deriva de la raíz germánica Wirkung (efecto, efectividad) y Werk (obra, trabajo). Su sentido es más profundo y activo: significa "hacer efectivo", "poner en obra", "dar realidad efectiva y actuante". Lleva en su núcleo la idea de producir un efecto en el mundo a través de la actividad (Wirken). Implica una encarnación dinámica, no solo un cambio de estado.
Realisation/Realisieren se deriva del latín res (cosa). Tiene una connotación de hacer algo "real" o "efectivo", a menudo en el sentido de actualizar una potencialidad, convertir en hecho, o ejecutar un plan.
Hegel usa predominantemente Realisation. Para él, el Concepto (Begriff) o la Idea se realiza (realisiert sich) en la naturaleza y en el espíritu. Este es un proceso lógico-ontológico donde lo abstracto se concreta. Por ejemplo, la libertad abstracta se realiza en las leyes del Estado racional. Es un movimiento de auto despliegue necesario del Espíritu. La Realisation es, en última instancia, la objetivación de lo subjetivo (la Idea) en formas cada vez más adecuadas a sí misma.
Marx elige conscientemente Verwirklichen para marcar su distancia materialista y práctica. La raíz Werk es fundamental. Para Marx, la filosofía no se "actualiza" (realisiert) como un plan, sino que se "pone en obra" (verwirklicht) a través de la actividad transformadora concreta, el trabajo humano revolucionario. Verwirklichen evoca al hombre como ser activo, productivo, que crea su mundo. Así, vincula la teoría directamente con la praxis histórica y material, no con la lógica auto desplegada de un concepto.
Así, cuando Marx dice que "la filosofía no puede verwirklicht werden sin el Aufheben del proletariado", está diciendo: La verdad de la filosofía solo puede ser puesta en acto, hecha efectiva en la realidad, mediante la acción revolucionaria de la clase que, al abolir su propia condición alienada, ejecuta y consuma la crítica más radical que la filosofía había formulado solo en teoría.
Esta elección léxica sella, por tanto, su materialismo histórico: la teoría se juzga y se cumple no por su coherencia lógica, sino por su capacidad de ser efectivizada (verwirklicht) en y por la práctica humana que cambia el mundo. Es la palabra final contra la contemplación.

La sentencia perentoria de Marx es proverbial: tanto es necesario emancipar al trabajador de cualquier tipo de explotación, como es necesario que la filosofía se vuelve una forma práctica de erradicar las diferencias materiales de los trabajadores. La realización de la filosofía implica una forma política de devenir la Historia en la clausura de toda desigualdad, de toda forma de jerarquía, pero al mismo tiempo de toda forma de soberanía. Es, paradójicamente, una forma de negar una realidad que no puede resultar sino en una “contemplación de una realización incesante, cuya realidad debe por ello ser desmentida cada vez, y aparecer como la espuma de la propia infinitud”. Debería haber —diría Platón—, en última instancia, un azar divino improbable que clausure esa infinitud; y —mientras— el propósito de toda filosofía sería la de ser guardiana de esa irrealizabilidad hasta que ese momento —azaroso— se presente en lo contingente.